En 1974, el sociólogo Mark Granovetter realizó un estudio que hoy en día es un clásico y se denomina “Getting a Job” (Consiguiendo trabajo). En dicho estudio, descubrió que a la hora de buscar trabajo, la fuente de información más importante se da mediante los “lazos débiles”, es decir, la mayoría de las personas que estudió encontraron empleo mediante contactos personales, pero esos contactos provenían frecuentemente de personas a quienes veían en contadas ocasiones.
Basado en esta información, Granovetter, quien entrevistó a cientos de trabajadores en el transcurso de su estudio, desarrolló una teoría sobre el poder de los lazos débiles. Expresado en forma sencilla, la teoría plantea que mientras más contactos tenga uno, incluso los más distantes, será más poderoso socialmente.
Este poder surge del hecho de que mientras nuestros amigos tienden a moverse en los mismos círculos que nosotros, nuestros contactos se mueven por todos lados, llevando pequeños chismes de información útil, desde el lugar donde uno dirige su negocio hasta los puntos distantes donde los demás dirigen los suyos.
En la realidad, la interconexión es una manera más de comunicarse con los clientes. Mientras más impresione uno a sus contactos con sus conocimientos y buena disposición, más servirá la red de lazos débiles para difundir su reputación por todas partes y desarrollar buena voluntad por asociación. En otras palabras, si está bien hecha, la interconexión constituye una de las formas más seguras para desarrollar lazos fuertes y reales entre uno y sus clientes.
El estudio de Granovetter fue uno de los primeros en describir realmente el poder de la interconexión, o “networking”.

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