Dice con mucha sinceridad que no puede perder el tiempo, cada segundo es valioso y le saca el mayor provecho y sin asomo de cansancio explica con un entusiasmo que contagia, como se levanta desde la madrugada para interactuar mediante videoconferencias con sus alumnos en España.
El diario vivir de Antonio Sedán transcurre entre una empresa de plásticos en Mamonal de la cual es gerente, el compartir con su familia, formada por su esposa, la bacterióloga Myrna Patricia Mora y sus hijos Daniel, David y Diego, y el trabajo que lo apasiona, la docencia en uno de los programas de maestría en administración más exigentes de Europa.
Para llegar virtualmente al Viejo Continente, Antonio recurre a su pequeño estudio, un apéndice del apartamento con muy pocos metros cuadrados, pero los necesarios para lograr su tarea de la mejor manera.
Un sencillo escritorio, el computador con Internet de alta velocidad, sillas plásticas, fabricadas con uno de los materiales que produce la empresa para la cual trabaja, porque considera que se debe ser leal con el fruto de su sustento, y el telón de fondo con el distintivo del Instituto de Empresa, le proporcionan el entorno adecuado para hacer presencia real durante sus charlas.


Ese pequeño santuario sólo es compartido con sus hijos al momento de una consulta necesaria o un pequeño recreo con el pequeño Diego, cuando no está conectado.
Disfruta lo que hace y comenta con tono jocoso, que mientras Cartagena duerme, él se dirige a sus interlocutores ataviado con saco y corbata, pero con los pies descalzos, algo que en la madrugada permite el clima de esta ciudad.
NORMAS QUE LLEGARON DE FAMILIA
La disciplina en Antonio Sedán fue inculcada en el seno de su hogar, después la afianzó con la práctica del tenis, deporte heredado por sus hijos y con un riguroso estudio que lo mantuvo siempre en los primeros lugares.
Egresado del Colegio La Salle y más tarde de la facultad de Ingeniería Eléctrica de la Universidad de Los Andes, siguió su preparación con una especialización en Finanzas en Eafic y otra en Alta Gerencia también los Andes. Más adelante entró a un MBA (Master in Business Administration) en el Instituto de Empresa de Madrid, donde se graduó como el mejor estudiante.
Este instituto, explica Antonio, está ubicado según el Financial Times de Londres, entre las 100 mejores escuelas de negocios del mundo, con un nivel muy cercano a Harvard y Yale; y por encima de Cambridge y UCLA. Su buen desempeño le valió posteriormente el nombramiento como profesor.
Antonio dicta la cátedra de Estrategia a un grupo de 30 alumnos de diversas nacionalidades y para ello se vale del inglés aprendido en el Centro Colombo Americano, del que dice lo ha dejado bien ante profesores y alumnos, estos últimos dando siempre las mejores opiniones en sus evaluaciones personales hacia el profesor colombiano.
“Son clases llenas de retos”, afirma y agrega que no es fácil, especialmente cuando se dirige a un grupo de sólo estudiantes españoles, ya que se trata de un cartagenero, desde Colombia instruyendo a un alumnado con una cultura profunda. De hecho, es más fluido con un grupo heterogéneo, pero para ambos dice, “necesito mucha preparación”.
VISIÓN FUTURISTA
Antonio Sedán tiene una visión muy clara de lo que se apresta a recibir la educación. Indica que inevitablemente todas estas herramientas tecnológicas se van a utilizar y la preparación debe apuntar hacia las mismas.
Hace comparaciones y dice que durante la resolución de un caso se envía con sus alumnos hasta 750 correos electrónicos, algo imposible en un aula de clases corriente, donde un estudiante sólo puede tener una oportunidad de participación y por pocos segundos. En este sistema, el alumno debe mandar mínimo 10 mensajes a la semana y con profundidad, además, la palabra escrita queda.
Los grupos que Antonio maneja en el Instituto de Empresa son de 30 alumnos, para que tengan la oportunidad de interactuar, porque en ese método debe basarse la educación.
Confiesa que nunca se le ocurrió que iba a desarrollar esta faceta en su vida, pero está convencido que al pasar de los 40 años, cada persona debe planear lo que va a hacer en el tercer tercio de su vida y Antonio siente que esta actividad le permite acumular experiencia para cuando llegue el momento.
De otra parte, indica que en la actualidad está cimentando las bases del sistema para un día no muy lejano implementarlo acá. Por ahora dice, “no le cabe un tinto más a mi vida”, pero se prepara para ganar credibilidad.
Antonio está enterado de todos los cambios académicos que se gestan y por eso asegura que el nivel está subiendo y las nuevas generaciones vienen con más grados de educación, por lo que si una persona actualmente se estanca pensando que tiene experiencia, los nuevos profesionales la ganarán igual en sólo dos años y se convertirán en una ola arrasadora.
En cada frase Antonio Sedán incluye la palabra disciplina y le suma organización, indicando que con esa unión se logra la clave para alcanzar metas y resultados y agrega, “si no existe disciplina, el talento se pierde”.
Desde que atiende esas clases a distancia, ha recibido la visita de algunos de sus alumnos. El pasado sábado inició con un nuevo grupo y lo primero que hizo fue enseñarles a Cartagena en fotografías, pero con una imagen real, aclarándoles que la gente de acá con su forma de ser, “baila” un poco los problemas que tiene Colombia.
Antonio Sedán dedica 60 horas por semana al trabajo de la empresa y 40 a las clases, pero para ese trajín se apoya en la placidez de su ciudad y la compara con el ritmo laboral de Bogotá, el cual siente no se refleja en productividad, sino en vencer las tensiones de la Capital.
Dice con tranquilidad que la vida que ha escogido no le permite ganar mucho dinero, pero para él vale más su familia y la huella que pueda dejar en la gente.

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