Dr. Ignacio González García
FUENTE: www.materiabiz.com
Según algunos especialistas, las escuelas de negocios parecen más preocupadas por producir investigaciones científicas que por brindar a sus alumnos la formación necesaria para tomar decisiones en el mundo real de la empresa…
Por Ignacio González García
Warren G. Bennis y James O’Toole, dos profesores universitarios de brillante trayectoria, publicaron recientemente una provocativa investigación titulada “Cuando las escuelas de negocios perdieron el rumbo”.
Según estos investigadores, las escuelas de negocios están fracasando en su función de formadoras de empresarios y ejecutivos.
Sus graduados salen mal preparados para lidiar con asuntos complejos y no cuantificables. Los programas de MBA fracasan en impartir habilidades útiles, formar líderes e inculcar normas de comportamiento ético.
Incluso, parecen incapaces de conseguir buenos empleos corporativos para sus graduados.
Las críticas no sólo provienen de estudiantes, empleadores y medios de comunicación, sino también de algunos de los decanos de las escuelas de negocios más prestigiosas de los Estados Unidos.
Pero no se trata de un mero problema de enfoque del plan de estudios, sino de una cuestión mucho más profunda.
Las escuelas de negocios, en lugar de medirse a sí mismas por la competencia de sus graduados, se evalúan casi exclusivamente por el rigor de sus investigaciones, bajo un modelo científico basado en el análisis económico y financiero abstracto, las regresiones múltiples y la psicología de laboratorio.
Algunas investigaciones son excelentes, pero muy poco de ellas está anclado en las reales prácticas empresariales. Así, el foco de la educación en negocios se ha vuelto cada vez más restringido y menos relevante para quienes operan en el mundo real.
Según Bennis y O’Toole, la raíz de los problemas radica en el erróneo supuesto de que los negocios son una disciplina académica como la química o la geología.
En este marco, ninguna escuela prestigiosa contrataría a un profesor de jornada completa cuyas principales calificaciones provengan de la gestión de una fábrica de montaje.


En muchas escuelas, el camino hacia una cátedra no pasa por el trabajo en las empresas. Por el contrario, se alienta a jóvenes profesores a que centren sus investigaciones en asuntos estrechos y científicos, y a que no se involucren demasiado con los profesionales.
Las evaluaciones de los académicos dependen, en gran parte, de cuántos artículos hayan publicado en revistas científicas de negocios.
La mayor parte de estas investigaciones ignoran aspectos cruciales para la toma de decisiones en el mundo real (como la ética) bajo la justificación de que no son cuantificables.
Pero, en muchos casos, es justamente la consideración de estos aspectos lo que hace la diferencia entre una buena y una mala decisión de negocios.
En última instancia, el problema no es que las escuelas de negocios hayan adoptado el rigor científico, sino que han dejado de lado otras formas de conocimiento.
Los profesores suelen olvidar que los ejecutivos no son recolectores de datos, sino usuarios e integradores de información.
Alfred Whitehead alguna vez dijo: “la imaginación no se puede separar de los hechos, sino que es una manera de iluminarlos… La tragedia de este mundo es que aquellos que son imaginativos tienen muy poca experiencia, y aquellos con experiencia tienen una imaginación enclenque”.
Si las escuelas de negocios quieren recuperar su importancia, deben aceptar que la gestión de los negocios no es una disciplina científica sino una profesión y, por lo tanto, requieren una educación profesional.
No podemos imaginar un profesor de cirugía que nunca haya visto un paciente. No obstante, las escuelas de negocios están llenas de académicos inteligentes y altamente hábiles que, sin embargo, tienen poca o nula experiencia gerencial.
Es tiempo de acabar con la “metodolatría” y buscar maneras de estudiar lo que es importante.
Dr. Ignacio González García
FUENTE: www.materiabiz.com

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