El proyecto de grado de Juan Esteban es una microempresa que genera cerca de 20 puestos de trabajo. “El que se come una sola papita de nuestro producto no quiere parar”. Con esta frase explica Juan Esteban Escobar, joven emprendedor paisa, el éxito que ha tenido su marca de papitas en sólo dos meses que lleva en el mercado, y que cada día llega más las universidades, cafés, estanquillos y cigarrerías de la ciudad.

El producto se llama Pappo y su imagen es una papita masculina de tez morena, con gafas de reguetonero, arete en la oreja izquierda y visera roja. Según Escobar, eso hace que el público al que quieren llegar, jóvenes entre 14 y 26 años, lo sientan como un amigo o ‘parcero’ más del colegio o de la universidad.

Pappo tiene registro sanitario Invima y es el primer producto de la microempresa Andina de Pasabocas. Tiene un peso de 45 gramos, trae cerca de 35 papitas y se ofrecen en cuatro presentaciones: limón, original (natural), queso y crema y cebolla, y vienen empacadas en un tarro pequeño de cartón y tapa plástica que luego puede servir para guardar objetos y otros alimentos.

Este proyecto fue creado por Escobar para obtener su título como administrador de negocios de Eafit, el que perfeccionó gracias a un MBA en el Instituto de Empresa de Madrid. Aunque la marca es paisa, el producto es importado desde China porque, según Escobar, hizo cálculos y no era rentable montar una nueva productora de papitas en Medellín para abrir mercado.

“Hace un par de años estaba en China conociendo algunos lugares y me llamó mucho la atención un producto que vendían en la ciudad de Beijing. Las fabricaba Jinjiang Fuyuan Foodstuff, en la zona industrial de Qiancal. Los visité y contraté con ellos el producto y el empaque, pero la marca es totalmente propia, colombiana”, sostiene Escobar.

Ana María Acosta, coordinadora de mercadeo de Pappo, explica cómo a través de un plan de incentivos, universitarios de distintas instituciones comercializan el producto en sus tiempos libres y obtienen recursos para sostenerse los gastos comunes como fotocopias o libros, transporte, alimentación y muchos están ahorrando para ajustar para su próxima matrícula.

“Los estudiantes inician con una caja, que trae 48 unidades, con un descuento del 25 por ciento en relación con el precio al público, y se las llevamos a donde les quede fácil. A cada uno se le regala una lonchera o maleta para que la transporte de manera cómoda, y también se les obsequian 12 unidades para que puedan dar degustaciones a sus clientes. El que más venda este semestre se llevará un ¡pad 2”, agrega Acosta.

“Semanalmente me estoy vendiendo dos cajas, es decir, 96 unidades, que me dejan 48 mil pesos. Con eso me movilizo toda la semana y me queda para mis refrigerios”, cuenta una universitaria.

Aunque algunos estudiantes tienen percances en las porterías, sobre todo en las universidades privadas, donde es más restringida la venta de productos, la mayoría las carga en el bolso y las vende en los ratos libres pues poca necesidad tienen ya de mostrar el producto, puesto que sus compañeros saben donde ‘baila’ Pappo.

 

Artículo publicado en: http://m.eltiempo.com/colombia/medellin/estudiante-de-medellin-crea-empleo-con-una-marca-de-papitas-/11294802/1/home

 

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