Pese a que se le asocia con la precariedad, la inmensa economía informal latinoamericana tiene matices tan profundos que pueden llegar a asombrar. Y muy pocos lo están estudiando actualmente.

Haga un ejercicio de asociación libre y piense en una imagen ligada con el “sector informal” ¿Qué apareció? Un pueblo indígena, comerciantes ambulantes, ferias libres.

Sin duda de eso se trata, pero también hay una infinidad de otras actividades que ni se imagina. Por ejemplo, dentro de este sector podemos encontrar empresarios que generan miles de dólares al año a través de la venta de fruta y emplean a una decena o más de trabajadores, vendedores que ofrecen accesorios para teléfonos móviles en las calles y que pueden ganar más ganancias que los negocios establecidos.

Según cifras de la CEPAL, los sectores informales son un elemento clave del empleo existente en la región. Así, no es de extrañar que en algunos países de América Latina, este sector no sólo ocupe cerca del 70% de la fuerza laboral, sino que sea el motor del crecimiento económico.

A nivel académico, el argumento más usado para explicar este fenómeno es que el sector informal ha tomado impulso debido a las trabas administrativas con las que deben lidiar las personas si desean emprender formalmente. De hecho, según el Banco Mundial, en América Latina en promedio una persona tarda en cumplir con todos los requisitos para formar una empresa 67 días y el coste promedio para obtener las licencias requeridas es siete veces superior al precio que se debe pagar en países desarrollados.

Así, existen algunos académicos que consideran que hay que reflexionar más sobre el sector informal existente en este continente, pues es una realidad que ha recibido un tratamiento superficial de parte de los investigadores.

Análisis costo-beneficio

Actualmente uno de los postulados más importantes que existe respecto al tema, es que las personas que se encuentran trabajando en los sectores informales colocan en una balanza el hecho de no tener que pagar tributos y otras barreras económicas impuestas socialmente. Y al final, deciden quedarse en la informalidad, a pesar de que ésta también tiene sus costos (económicos y sociales). Esto porque no entienden cuáles son los beneficios que obtendrían si formalizaran sus negocios.

Esta es una de las ideas de Julio de Castro, profesor del IE Business School, quien visitó la Universidad del Desarrollo en Santiago. “Es más una cuestión de beneficio, el por qué de la expansión de este sector en Latinoamérica. Dentro de la informalidad podemos encontrar gradualidades. Por ejemplo, hay personas que tienen peluquerías en los barrios y no pagan impuestos, pero sí deben desembolsar de su dinero para arrendar un lugar donde establecerse, y para ellos no es beneficioso ser formales, no entienden cuál es el plus”, explica.

Para llegar a esta conclusión, el académico, con vasta experiencia en dirección estratégica y creación de empresas, realizó un estudio del sector informal en República Dominicana (y que espera replicar próximamente en Perú) el que le permitió establecer que no está clara la naturaleza de la informalidad, pues lo que sabíamos sobre este sector no está completo y existen diferencias entre los mismos informales. “Hay personas que son informales de subsistencia y hay verdaderos empresarios como los dueños del portal Gamarra en Perú, un emporio económico de la industria textil que agrupa no sólo actividades de tipo informal, sino que semi-informales y formales”, señala Julio de Castro.

Y el caso de Gamarra, no es una excepción en Perú. En este país, 11 de sus 15 millones de trabajadores, pertenecen al sector informal de la economía, de acuerdo a cifras del Banco Mundial. La mayoría de las personas que trabajan en el sector informal lo hacen en las medianas y pequeñas empresas (mypes) que constituyen el 97% de las empresas en el país.

José Antonio Ávalo, profesor e investigador en innovación empresarial de la Universidad de Piura en Perú, señala que en promedio, en los últimos dos años la economía informal ha crecido un 7,8% en su país, siendo una de las cifras más altas en América Latina. Sin embargo, el porcentaje de su IMB (Ingreso Bruto Mixto) respecto de su PIB (Producto Interno Bruto) es uno de los más bajos del continente y existe una falta de investigación en torno a ello. “En general en América Latina, las grandes pautas de investigación provienen de EE.UU. y debido a ello se da una especie de vacío respecto a las temáticas propias de este continente que no son estudiadas”, señala.

Las escuelas de negocio y la investigación

“A la hora de enseñar economía es clave que los jóvenes comprendan que la informalidad es parte de la realidad, si no entienden cómo opera un vendedor de teléfonos móviles en la calle, no comprenderán la base del conocimiento económico”, enfatiza De Castro. Es por ello que algunas escuelas de negocio en América Latina comienzan a analizar estos sectores.

En Bolivia, por ejemplo, donde cerca del 75% de las personas trabaja en el sector informal, la Universidad Católica de Bolivia, a través de su facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, está promocionando y desarrollando una Maestría en “Preparación, Evaluación Social y Gerencia de Proyectos”, la cual busca fomentar la pequeña industria y los servicios a través de la capacitación de personas que puedan invertir e impulsar estas áreas. “A nivel académico se está tratando de impulsar este sector a través de los cursos que se imparten no sólo en postgrado, sino que en pregrado. De manera que los alumnos entiendan cómo este sector se ha ido desarrollando bajo el alero de la cultura aimara”, señala el profesor Luis Ocampo, de la UCB.

Y en Perú, en la Universidad de Piura, se está haciendo un estudio liderado por José Antonio Ávalo , el cual intenta explicar el emprendimiento que hay detrás de la industria vitivínicola del país. “Mi propuesta es mostrar cómo el capital social se ha fortalezido en este sector, se ha generado un mayor aprendizaje social como modelo de planificación y ello ha influenciado en la innovación, en un crecimiento sustancial, una generación de marcas colectivas, una formalización del pisco, por ejemplo”, señala el académico.

Sin embargo, todavía falta desarrollar más la investigación a nivel latinoamericano para entender este sector. “Sólo teniendo este conocimiento se podrá capacitar a las personas, éstas podrán acceder a más opciones y emprender”, recalca De Castro.

 

Autor: Tamara Muñoz 13/03/2012 América Economía, MBA & Educación Ejecutiva.

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