America Economía, 22 septiembre, 2015 / Empresas Familiares

Hoy voy a dedicar este post a los líderes que nos han dejado. Cualquier familia empresaria que haya vivido esta situación sabe el dolor que supone la pérdida y los retos que deben afrontarse en tales circunstancias. Más cuando el proceso ocurre de forma inesperada o antes de lo previsto.

He experimentado este proceso y he compartido en la intimidad con otras familias que han vivido esta circunstancia. Quiero compartir con los lectores algunas lecciones aprendidas desde entonces.

Me refiero a personas que, como empresarios, ejercieron un liderazgo apabullante en sus negocios y en su entorno. No es nada fácil sustituir una personalidad tan rotunda. Cuando se produce la continuidad con éxito al proyecto empresarial ha sido por una conjunción de factores que os comparto.

Lo primero, sin duda, es respetar su memoria que es tanto como respetar los valores que nos dejó impregnados: el trato impecable a las personas, tanto más cuanto más humildes sean; la construcción de relaciones de largo alcance con clientes, proveedores, bancos o instituciones; la búsqueda del acuerdo pues las relaciones pierde-pierde son absurdas; la generosidad para que la último euro/pero/dólar la gane el otro; la prudencia en la administración del negocio donde hay que cuidar el más mínimo detalles; la responsabilidad para el cumplimiento escrupuloso de los acuerdos; el trabajo, la humildad y la perseverancia; aprender a escuchar…. Esos valores deben seguir formando parte de la cultura de la empresa y de la familia.

Por otro lado, es fundamental contar con equipos de trabajo que permiten dar continuidad a la actividad. Solo así las empresas pueden trascender a sus líderes fundadores. Es un problema para muchas empresas familiares que no saben delegar y requieren del fundador hasta para el mínimo detalle operativo del día a día del negocio.

¿Y qué pasa con los sucesores que deben recoger el testigo de manera repentina? Para ellos ha resultado clave contar con el apoyo y la lealtad del equipo. Siempre he promulgado que los sucesores de negocios familiares deben ganarse su credibilidad y para eso desarrollar fuera una carrera profesional exitosa ayuda muchísimo. Tras vivirlo en mis propias carnes todavía apoyo con más entusiasmo dicha tesis. Aportar credibilidad al entorno, y más en estos tiempos, es capital. Si sólo te ven como “el hijo de” será más complicado y obligará a un sobreesfuerzo que puede llevar a decisiones equivocadas propias cuando se actúa bajo una gran presión.

Quienes han tenido la oportunidad de nacer en una familia empresaria con un líder carismático pueden sentir que, la verdad, es una suerte haber convivido con alguien tan excepcional- Por eso el vacío es mayor. Aunque se disimule, el dolor ahí está, por más que pasen los años. Buscando el lado positivo, decir que también es un estímulo para dar continuidad a su obra. Para sentir que tenemos que administrar un legado. Ese sentido de trascendencia facilita la cohesión entorno a un proyecto y unos valores. Estoy convencido que este mismo sentimiento lo tendréis muchos de los lectores del blog. Viéndolo en perspectiva, las bajas en esa generación de nuestros padres supone también la pérdida progresiva de una manera de entender la vida y los negocios con hombría de bien. No sabrían usar el facebook o el iPod o participar de la fiebre de las redes sociales ni navegar en las procelosas aguas de lo políticamente correcto pero los prefiero como referentes para nuestros hijos antes que a tanto tarambana sin escrúpulos como los que hoy ostentan posiciones de alta alcurnia en la empresa, la vida social o la política

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