Manuel Bermejo. Profesor IE BUSINESS SCHOOL www.ie.edu

El gigante norteamericano de la distribución, Wal-Mart Stores Inc, una de las grandes corporaciones familiares del mundo, anunció recientemente el relevo de su Presidente del Consejo de Administración, Rob Walton, 70 años e hijo del fundador Sam Walton, quien ha estado 23 años al frente de la firma.. El nuevo máximo Presidente del Directorio será su yerno, Greg Penner, Penner se unió a la familia a través de su matrimonio con la nieta de su mítico fundador Sam Walton.

Greg Penner tiene 45 años, fue analista en de Goldman Sachs, dirigió la firma de capital riesgo Peninsula Capital y ha desarrollado una importante carrera en Walt-Mart siendo miembro del Consejo desde 2.008 y Vicepresidente del mismo a lo largo del último año. Previamente fue Senior VP y CFO de la empresa en Japón y Senior VP de Finanzas y Estrategia de Walmart.com. También fue fundador del fondo de inversión participado por varios miembros de la familia Walton, Madrone Capital Partners. Penner cuenta con un MBA por Stanford Graduate School of Business (1997) y es graduado en Economía por Georgetown University (1992.).

Por un lado este nombramiento ha generado polémica por cuento los accionistas no familiares han declarado en los medios que hubieran preferido un Presidente del Consejo no familiar. Aunque no es el objeto central de este post, personalmente mi criterio es que la presencia de miembros de la familia cualificados, como parece es obvio en el caso que nos ilustra, ocupando posiciones en el gobierno o la alta dirección de las compañías es muy positiva. Sin duda contribuyen a que no se pierdan los valores que han contribuido a dar el enorme salto del emprendimiento familiar a la gran corporación familiar, aportan un plus de compromiso por el vínculo con el legado familiar siempre bienvenido y ayudan a gestionar con visión de largo plazo. En suma, la presencia de familiares, insisto en el matiz de cualificados, aporta valor y facilita la implementación de ventajas competitivas.

Quisiera focalizarme en el asunto de la familia política. Generalmente desde la ortodoxia en la gestión de las empresas familiares, los políticos han sido absolutamente denostados y la recomendación de manual es que se alejen del negocio. Estos supuestos parten de la premisa que los políticos tratan de sumarse a la familia empresaria con aviesas intenciones de una agenda oculta donde el amor es la mera tapadera de oscuros intereses.

En cualquier caso, lo que es muy recomendable es que los miembros políticos que se suman a la familia entiendan, si es que no se da esta circunstancia por sus antecedentes, las responsabilidades que se derivan de gestionar un legado y acepten las decisiones que cada familia tenga estipulado a fines de preservar el legado. Lo más común es que se firmen determinadas capitulaciones matrimoniales que tienen por objetivo, entre otros, la protección del legado familiar. Como me decía un gran empresario familiar, “Manuel, pongo muy pocos requisitos a los futuros maridos y mujeres de mis hijos y nietos. Tan solo que sepan leer y que sepan escribir, para que entiendan y firmen las capitulaciones matrimoniales previas a sus casamientos”. Por otro lado no son pocos los casos que he conocido en los que los políticos no han actuado con malicia satánica sino que se han sorprendido por circunstancias sin duda anormales. Por ejemplo, como alguna vez he vivido, imaginemos el caso en que, por ejemplo, la CEO de una compañía, cuyo desempeño es excelente, cobra menos que su hermano que trabaja a tiempo parcial en el departamento de contabilidad porque en esa empresa todos los hermanos cobran de inicio el mismo salario que se incrementa a medida que llegan los hijos. La CEO, recién casada, no tiene hijos y su hermano, tiene dos. Supongamos que el marido de la CEO expresa su extrañeza ante tal política salarial. Probablemente no hace sino lo mismo que la mayoría de lectores de este post. Sorprenderse por un sistema de equidad muy poco sano en aras de la competitividad del negocio y de la creación de una cultura de mérito. Por tanto, no conviene satanizar por definición a los políticos sino tal vez antes reparar en situaciones que no parecen sostenibles.

En la mayoría de los protocolos de familia en los que he trabajado se decide la no inclusión de políticos en gestión y/o gobierno. Ahora bien, aconsejo siempre definir excepciones que de darse deberían obedecer a razones excepcionales de cualificación y ser aprobadas por unanimidad en consejo de familia. Si se diera el caso de que en una familia empresaria dedicada a la cría de ganado y elaboración de sus derivados se incorpora vía política una eminencia en genética animal parecería un contrasentido no contar en alguna posición con sus capacidades. Eso sí, otra recomendación. Si se da esta circunstancia déjense actas del consejo de familia donde quede claro la excepcionalidad del hecho, que el salario percibido por el miembro político es salario de mercado y que efectivamente se aprobó unánimemente su incorporación a la empresa familiar. Es muy relevante dejar traza de estos hechos para ir creando jurisprudencia a nivel familiar.

En definitiva, comparto una posición donde se abandonen, si está justificado, determinados dogmatismos apriorísticos. De modo que recomendaría algo así como “políticos, de entrada, no” Hasta pronto. No dejes de esforzarte por ser muy feliz que, al final del día, es lo más importante para ti y los que te rodean

Hasta pronto. No dejes de esforzarte por ser muy feliz que, al final del día, es lo más importante para ti y los que te rodean

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