Una verdad conveniente

Pablo Triana – Director, Center for Advanced Finance IE Business School
Artículo publicado en Portafolio.com, mayo 24 de 2007.
Tanto si uno está o no está de acuerdo con los comentarios más alarmistas de Al Gore, parece indudable que el planeta está siendo testigo de patrones climáticos extraños en los últimos tiempos. Los términos ‘cambio climático’ y ‘calentamiento global’ se han convertido en inevitables clichés de nuestros días, los más urgentes problemas a los que se enfrenta la humanidad según muchos, temas obligatorios para los políticos.
Si bien la realidad del cambio climático no admite mucha disputa, lo que parece más controvertido es si la acción humana es responsable. La mayoría de los expertos así lo creen. Pero, para ser justos, al mismo tiempo una minoría de voces contrarias nos indultan de tales cargos.
Incluso si asumimos que las personas somos irrefutablemente culpables de que haya inviernos sin esquí y campos de golf sin regadío, la siguiente peculiar paradoja hace su presencia: a la vez que esos malvados humanos han puesto al planeta (y a sí mismos) en apuros, han brillantemente desarrollado herramientas que ofrecen protección económica sobre esos mismos fenómenos indeseables.

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