Igor Galo 24/01/2018. America Economia

El pasado 19 de enero, leyendo el Chicago Tribune durante el desayuno, me encontré con este titular: “Chicago en el TOP 20 para el Oro”. ¿Volvía a ser  la ciudad norteamericana candidata a albergar unos juegos olímpicos tras haber perdido los de 2016? En absoluto, el titular hacía referencia a que estaba entre las 20 metrópolis que Amazon había anunciado que continúan en la competición para albergar su HQ2, es decir, su segundo centro corporativo mundial.

La noticia, además de la portada general, ocupaba la portada de negocios del Tribune, pero también la portada de economía de The New York Time y la portada de prácticamente todas las ciudades que han pasado el corte de la selección de Amazon, además de tener gran peso en toda la prensa económica. También, pero con otro tono, se hizo eco de esta decisión de Amazon la prensa de las 224 ciudades que no lo pasaron. Entre ellas tres mexicanas, Chihuahua, Hidalgo y Querétaro. Esta última ya alberga una sede regional del Banco Santander que atiende a los clientes mexicanos, pero también de otros países de Iberoamérica.

Desde un punto de vista comunicacional, la decisión de Amazon ha tenido un impacto muchísimo mayor que la que tuvo la selección de Los Ángeles como sede para las Olimpiadas de 2028 a la que, tras un acuerdo para que París albergue las de 2024, era la única candidata. ¿Cómo puede ser? Hace pocas décadas que una ciudad fuera seleccionada sede de unos juegos olímpicos era la noticia del día, la semana y del año en el municipio y el país en cuestión. Ya no más. Ahora las ciudades, sobre todo las más avanzadas, parece que no quieren más fuegos de artificio.

Unos juegos solían gustar mucho a los constructores por razones obvias, y a los miembros del COI por razones también claras. A los políticos les interesaba como herramienta para ganar votos y proyección internacional para la ciudad en las que la transmisión televisiva de los Juegos alcanza un monopolio durante dos semanas.

Pero las cosas han cambiado porque los votantes ya conocen como suelen terminar muchos de estos eventos en muchas ocasiones (Río 2016, Atenas 2000). Ahora lo que rinde políticamente, pero también social y económicamente, es atraer los headquarters o cuarteles centrales de las grandes empresas del país, pero sobre todo regionales e internacionales. Eso explica que la feroz competición por atraer los HQ2 de Amazon se han convertido en una de las noticias más seguidas por constructores, inmobiliarios, alcaldes, universidades y, por supuesto, los recaudadores de impuestos. Y el reciente anunció de Apple que creará un nuevo campus fuera de Cupertino, avisa que este tipo de competición no ha hecho más que empezar.

Ayuntamientos y Estados ya tienen personal especializado, una especie de embajadores o comerciales institucionales dedicados a estos menesteres. También en Europa. El Brexit provocó que todas las principales urbes del Viejo Continente compitieran por albergar las sedes de la Agencia Europea del Medicamento y la Autoridad Bancaria Europea, que terminaron en Amsterdam y en París, respectivamente.

Estos éxitos rinden a los políticos. Pero, además, en lugar de costar dinero a los contribuyentes (aunque a veces los gobiernos suelen ofrecer grandes rebajas de impuestos), crean empleos normalmente bien remunerados y estables de forma directa, y otros muchos puestos de trabajo en su entorno al aumentar la afluencia de visitantes de negocios, el número de vuelos a la ciudad, las noches de hotel contratadas y un largo etcétera. La nueva sede de Amazon espera crear unos 50.000 puestos de empleo entre directos e indirectos, y la Agencia Europea del Medicamento creará en Amsterdam 900 puestos directos y muchos miles más en sectores anexos.

América Latina no es aún un mercado unificado como lo son los EE.UU. y también en cierta manera la Unión Europea, lo que obliga a tener muchas veces a las empresas cuarteles en cada país. Sin embargo, cada vez más empresas están optando por tener unas oficinas centrales para la región, complementadas por pequeños apoyos locales luego en cada país. Sobre todo aquellas empresas cuyo negocio no depende tanto de las relaciones con el gobierno, como las start-ups, tecnológicas, etc. (Google, Facebook, entre otras).

Esta posibilidad la vio hace mucho Miami, que muchas veces se ha proclamado como “Capital de las Américas”. En cierta forma también lo ha intentado reclamar Ciudad de Panamá que con su canal, un buen hub aéreo y su centralidad geográfica ya sirve como sede de muchas firmas que luego operan a nivel regional. Bogotá, desde la creación de la agencia Invest in Bogota, pelea fuerte en esta liga habiendo conseguido traer empresas internacionales que gestionan sus negocios en la región andina o en la Alianza del Pacífico desde ahí.

Este fenómeno lo hemos seguido muy de cerca en IE BUSINESS SCHOOL desde hace once años cuando arrancamos con el Informe de Inversión Española en Iberoamérica, al preguntar a las empresas españolas qué metrópoli latinoamericana ven como mejor para ubicar los cuarteles generales y cuál mejor para expatriarse con la familia (no siempre suelen coincidir).

A las ya citadas en el párrafo anterior (Miami, Panamá y Bogotá), en el ránking de las más atractivas no suele faltar nunca la Ciudad de México, que el año pasado fue la designada por las empresas españolas como la mejor opción, además de Sao Paulo. También Buenos Aires, Santiago de Chile o incluso Lima han aparecido en este short list de metrópolis atractivas.

Este año de nuevo presentaremos los resultados de esta encuesta sobre las metrópolis más atractivas, con la opinión de 105 empresas multinacionales españolas. La cita es el próximo 1 de marzo en la Casa de América de Madrid, en colaboración con Llorente y Cuenca e Iberia.

Un información que será de interés para gobernantes, constructores y gerentes del sector real estate, porque aunque es cierto que no hay empresas comparables en España con Amazon, lo cierto es que este ránking suele coincidir también con la elección de las metrópolis-sedes de otras empresas europeas o de las norteamericanas a la hora de poner su sede central para “Latam”, como llaman los estadounidenses a Iberoamérica.