Pablo Triana – Director, Center for Advanced Finance IE Business School
Artículo publicado en Portafolio.com, mayo 24 de 2007.
Tanto si uno está o no está de acuerdo con los comentarios más alarmistas de Al Gore, parece indudable que el planeta está siendo testigo de patrones climáticos extraños en los últimos tiempos. Los términos ‘cambio climático’ y ‘calentamiento global’ se han convertido en inevitables clichés de nuestros días, los más urgentes problemas a los que se enfrenta la humanidad según muchos, temas obligatorios para los políticos.
Si bien la realidad del cambio climático no admite mucha disputa, lo que parece más controvertido es si la acción humana es responsable. La mayoría de los expertos así lo creen. Pero, para ser justos, al mismo tiempo una minoría de voces contrarias nos indultan de tales cargos.
Incluso si asumimos que las personas somos irrefutablemente culpables de que haya inviernos sin esquí y campos de golf sin regadío, la siguiente peculiar paradoja hace su presencia: a la vez que esos malvados humanos han puesto al planeta (y a sí mismos) en apuros, han brillantemente desarrollado herramientas que ofrecen protección económica sobre esos mismos fenómenos indeseables.


Al igual que el clima de la Tierra puede estar experimentando cambios artificiales por primera vez desde el génesis, la humanidad tiene por primera vez en su historia la capacidad de protegerse eficientemente de los problemas causados por el clima.
Los weather derivatives son esos instrumentos mágicos que pueden ayudarnos a salvarnos de nosotros mismos (o de una naturaleza errante, para aquellos que duden de las teorías de Gore). Al ofrecer una compensación financiera en el caso que ciertas variables climáticas se desvíen de un nivel pre-seleccionado, estos productos permiten a las empresas, los gobiernos, y los individuos dormir mejor por las noches. Los weather derivatives son hoy en día disponibles en relación a una gran diversidad de variables: temperatura, precipitación, nevadas, velocidad del viento, huracanes, escarcha, humedad, tifones, altura de las olas marinas, entre otras. En esencia, es ahora posible recibir cobertura económica si hace más o menos calor, si llueve mucho o poco, y si nieva en exceso o escasamente.
Es obvio que incluso sin el cambio climático, los weather derivatives serían extremadamente útiles. El clima ha sido siempre una variable con cruciales influencias sobre la economía. Algunos indicadores estiman que cuatro-quintos de la actividad económica mundial está directa o indirectamente influenciada por el clima.
Hasta la segunda mitad de los 1990 (cuando aparecen por primera vez los weather derivatives, inventados por la desaparecida firma tejana Enron), la humanidad no tuvo más remedio que resignarse a sufrir los efectos del clima sin poder hacer demasiado al respecto.
Actualmente, el mercado de weather derivatives (que cumple su décimo cumpleaños en 2007) ha adquirido una madurez significativa, con altos grados de liquidez y una popularidad explosiva en los últimos años (los contratos listados en el Chicago Mercantile Exchange han pasado de un valor nocional de 2 billones de pesos en 1999 a 46 billones de pesos en 2006). Si bien la actividad se centra sobre todo en Estados Unidos, Asia, y Europa, otras partes del globo también han experimentado con estos innovadores productos.
América Latina en particular fue pionera dentro del llamado developing world. En concreto, México rompió los moldes en diciembre del 2001 cuando Agroasemex, la aseguradora agrícola propiedad del gobierno, entró en un contrato de opciones con el especialista de Kansas Aquila Energy con el fin de reasegurar su portafolio de pólizas concedidas a los agricultores locales. La transacción tuvo sentido para Agroasemex pues el weather derivative costó aproximadamente la mitad que el contrato reasegurador tradicional.
Otras entidades estatales así como infinidad de empresas privadas latinoamericanas podrían beneficiarse del uso de weather derivatives como coberturas. Operadores hoteleros, la industria del turismo, estaciones de esquí, empresas energéticas, todos disfrutarían de las ventajas de estos productos (que pueden suponer mejoras notables en relación a los contratos tradicionales de seguros).
Una aplicación obvia es en el riesgo de sequías, potencialmente devastador para sociedades donde la agricultura juega un papel destacado. El mercado de weather derivatives ha adquirido un expertise significativo en este tipo de coberturas.
En la transacción más impactante en este sentido, el año pasado Etiopía fue capaz de cubrir su riesgo sequía gracias a un producto especialmente diseñado por Axa Re y el World Food Program, y financiado por la agencia norteamericana USAid.
Si un riesgo tan complejo como el etíope puede ser exitosamente calculado y colocado en los mercados de capital internacionales, todo parece posible.
Tanto el World Bank como el Banco Interamericano de Desarrollo ofrecen su knowhow a sus miembros para diseñar estructuras similares, que tienen ni más ni menos que la capacidad de salvar vidas.

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